Divide el proyecto en descubrimiento, diseño, documentación, permisos, preconstrucción, construcción por disciplinas, acabados y cierre. Cierra cada fase con entregables verificables: planos firmados, listas de compra, contratos, fechas de inspección. Un hito nítido indica que es seguro pasar a lo siguiente y evita solapamientos tóxicos. Comparte el diagrama con todos: proveedor de azulejos, instalador eléctrico y vecinos sensibles al ruido. La transparencia reduce fricciones, dudas y microdecisiones improvisadas que rompen la continuidad.
Identifica tareas que bloquean otras y calcula holguras reales, no deseos. La impermeabilización no puede empezar antes de resolver pendientes; la pintura sufre si el yeso no secó. Estima climas adversos, entregas inciertas y agendas de inspecciones. Marca la ruta crítica y protégela con alertas tempranas. Cuando algo se retrasa, ajusta aguas abajo sin culpas, comunicando el impacto real. Los proyectos que reconocen incertidumbre por diseño terminan más rápido que los que fingen certidumbre imposible.
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